
Stromer, ketch de época
Ref. CP138EUR 145.000 ,-
Un precioso crucero puro de altura de época, elegantísimo y cómodo. Muy fácil y económico de usar. Su casco de acero le otorga una robustez envidiable.
Robert Franz fue un constructor y diseñador de barcos cuya actividad se desarrolló desde los Años Veinte, hasta los Setenta. Su astillero estaba ubicado en Niederlehme (Berlín), en la cuenca del río Elba, que desemboca en el mar del Norte. Ello explica que Robert Franz se especializara al principio en barcos pequeños y medianos que pudiesen navegar por esa cuenca fluvial hasta el mar. En los años 50 y 60 alcanzó gran reputación en la fabricación de Folkboat de madera. En los 70 también fabricó motoras de acero de hasta 14 metros. Hacia el final de los Años Treinta él mismo diseñó, construyó y botó tres barcos de vela gemelos de casi 14 metros de eslora. De ellos, en 1938 salió el Stromer III, cuyo nombre significa vagabundo en alemán. Si de sus dos gemelos se perdieron las trazas, tampoco sabemos mucho del Stromer. Su historia que tenía que ser la de un tranquilo crucero de los mares del norte fue bastante más azarosa al principio: al ser botado el año antes del estallido de la segunda guerra mundial, no tuvo ocasión para grandes cruceros, hasta el final del conflicto cuando, como muchos otros barcos sirvió muy probablemente para la fuga de personajes comprometidos con el régimen abatido y se presentó en Vigo, en donde siguió navegando ya en manos españolas. Después de unos años en Sicilia, volvió a Mallorca bajo propietario alemán. Fue matriculado en Ibiza. En el año 2000 fue objeto de una renovación completa dirigida por los hermanos Velayos en el astillero Vulkan Shipyards de Sagunto y luego pasó a Puerto Sherry. Su actual propietario lo llevó a Barcelona y le aportó muchas mejoras, incluyendo nuevas velas. El casco es de acero ribeteado, con chapa de 3 mm ó 4 mm según las zonas y el diseño presenta la clásica disposición de doble proa, tan característica de los mares del Norte. Es un clásico barco de crucero, con su cabina realzada (dog-house) en posición central, típica de estos barcos hasta el final de los Años 30 y una cubierta bastante despejada. Interesante la disposición de dos bañeras, de las que una dedicada al manejo del barco y la otra, más a proa, totalmente despejada. Es una disposición muy moderna y de originalidad dudosa, pero tremendamente confortable y que no afecta en nada a la belleza del conjunto. Los palos, de pino Oregón también llamado Douglas, son bastante altos y le otorgan al barco cierta vivacidad incluso con poco viento. Como muchos barcos clásicos, escora enseguida, pero luego no cede mucho más. Con vientos duros, la mesana y la trinqueta ofrecen navegaciones muy equilibradas. Su motor casi inmortal, hoy es ya una rareza por sí mismo. De hecho, navegar en el Stromer es una ocasión única para gozar de la experiencia entusiasmante que un elegante barco nonagenario puede ofrecer al navegante de hoy día.